Cúmulo de sentimientos forrados en tranquilidad que deleitan el alma, joven e ingenua del que observa. El nervio del volcán queriendo explotar dentro del tejido que llamamos cuerpo. Nos une con aquel destino por forjar. Porque lágrimas y risas son la seña del niño y niña queriendo salir a jugar en un mundo ya sin adivinanzas. Un hombre sentado al lado de un lago. Otoño que inhalan los pulmones, un verano en la memoria que sujeta, la mano diestra, una pluma. El gozo de la memoria implantada, un futuro virtual de incertidumbre, nos llama a develar la verdad: que todos somos volcanes queriendo explotar.